Antes de escribir nada, pido disculpas a los que ya estén aburridos de escuchar opiniones sobre el tema, pero aunque no es mi costumbre comentar las noticias más populares del día, esta me llega al alma, y todavía no he escuchado a nadie dar una opinión coherente sobre el asunto.
A día 28 de julio de 2010, el parlamento catalán prohíbe las corridas de toros en dicha comunidad autónoma, y lo hace con un resultado ajustado; 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones.
Al margen de toda la guerra política que han montado los partidos independentistas y toda esa atmósfera de guerra institucional que se está creando, yo quiero hablar de los toros. Por la imagen que he elegido para ilustrar la noticia ya muchos deduciréis que apruebo la ley, y así es.
No soy aficionado a los toros, pero puedo hacerme una idea de lo que sienten los fans de la tauromaquia, y sé que es algo mucho más complejo que un torero asesinando un toro, igual que un apasionado del fútbol sabe que ese deporte es algo más que 22 personas corriendo detrás de una pelota. Muchos defensores de los toros aducen que es una tradición, “la fiesta nacional”… Si señores, será una fiesta nacional, igual que es costumbre en muchos pueblos, meter en una bolsa de plástico a los cachorros de la perra, o de la gata que haya tenido la desgracia de parir su camada en una casa de bárbaros y arrojarlos al río o enterrarlos vivos. Pero porque eso sea una costumbre no quiere decir que esté bien y haya que perpetuarlo por los siglos de los siglos.
La fiesta de los toros para muchos puede resultar de gran belleza, pero que se tortura a un animal es un hecho objetivo. El toro sufre, a veces los caballos también sufren las embestidas del toro que conllevan grandes desgarros, y eso significa causar más dolor. Hay un pueblo en España, de cuyo nombre no quiero acordarme, en el que por sus fiestas arrojan a una cabra desde el campanario, porque es tradición.
Los animales forman parte de la naturaleza, y los seres humanos, por más que nos plastifiquemos, somos parte de esa naturaleza. Respetar a los animales es respetar una parte de nosotros. Es cierto que hay que ritualizar la violencia para que está no estalle, pero acribillar a un toro no es una forma de hacerlo. Las personas tenemos otras formas de canalizar la violencia, existen deportes como las artes marciales mixtas donde se pelea con gran violencia, y se hace por voluntad propia.
Espero que algún día se castigué el maltrato a los animales, pero aún queda mucho por hacer, como prohibir los circos que utilizan animales en sus espectáculos. Será que como habla Gardner en su teoría de las inteligencias múltiples, algunos contamos con la “inteligencia animal” que nos permite comprender y sentir la naturaleza, mientras que otros carecen por completo de ella, igual que un psicópata carece de emociones…
El que hace daño a un niño, a un anciano, o a un animal, no tiene perdón.