Frente a la inmensidad del mar

Frente a la inmensidad del mar, con todos esos recuerdos en su interior, pensando en lo extraordinario del paisaje, de la vida, de ser conscientes de sí mismos. No podía describir la belleza que se reflejaba en su retina. Hacía por lo menos diez años que no contemplaba esa imagen, pero todo seguía igual, esas islas imperturbables, a pesar del transito de los barcos, de los turistas que se dirigían entusiasmados hacia ellas, a pesar de todo mantenían su carácter auténtico, mágico.

Él era como una de esas islas, una montaña que había resistido la embestida del océano más grande, una montaña que se negó a morir ahogada. Era muy viejo,  pero se encontraba bien, subió hasta la cima sin jadear, sus piernas, que habían recorrido medio mundo, tampoco se quejaron, todo su cuerpo era feliz en aquellas islas, a pesar del calor, a pesar del esfuerzo, todo en él funcionaba a la perfección en aquel lugar. Recordó la tarea que lo había traído hasta allí desde tan lejos, se puso a caminar, sabía exactamente que árbol era, todo seguía como antaño, era uno de esos pocos tesoros que se conservaban vírgenes, intactos. Empezó a cavar, y a un metro de profundidad encontró lo que había venido a buscar. Su cara se iluminó con una gran sonrisa, siempre tuvo esperanzas de encontrarlo, pero ahora era verdad, era suyo.

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2 Responses to Frente a la inmensidad del mar

  1. SaRa says:

    Qué encontró? Sus raices?

    • Miguel says:

      Sus raíces… no había pensado en eso. Se supone que queda a la imaginación del lector, es como si fuese el final de una historia, claro que sólo conocemos el final. Yo tampoco sé lo que encontró, pero si tengo que decir algo, me inclinaría a que; “en aquella cajita de metal que desenterró, se encontraba la dirección a la que fue enviada su hija, que por causas de la guerra, y tras la muerte de la madre durante el parto, fue enviada a un lugar seguro y bajo secreto de estado. Porque por aquel entonces él era un hombre muy importante, y su hija era sería la heredera legítima. Si la información cayese en manos de sus oponentes, posiblemente acabarían con su vida, por lo que la confió a su mejor amigo, y éste la envió a un lugar secreto. Por desgracia su amigo fue asesinado durante el conflicto, pero había enterrado esa cajita antes de morir.”

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