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El Abandono
Era un día invernal, amaneció nublado, helado y lluvioso, como yo sentía el alma helada de amargura, por lo sucedido la noche anterior, cuando mi prometido y futuro esposo me dijo que nuestra relación se terminaba, por culpa de la rutina. Que se había vuelto costumbre no amor, me dijo no hay pasión ni deseo, agrego. Por ese abandono anunciado tan repentino e injustificado estuve, insomne casi toda la noche, solo por momentos dormitaba pensando que eso no era más que un mal sueño. Sin embargo al despertar comprendí la realidad por primera vez mi amado durmió en el cuarto de huéspedes. Me levanté de la cama, me puse una bata y las pantuflas y como sonámbula, haciendo las tareas mecánicamente, casi sin saber lo que hacia, preparé café más por la fuerza de la costumbre que por complacerlo. Me senté a la mesa con una taza de café. En ese momento salió mi amor ya vestido, duchado y afeitado. Sin hablarme tomó una taza, echó café, echó azúcar y la revolvió con una cucharilla, bebió de un sorbo el café, dejó la taza. Sin mirarme encendió un cigarrillo y como de costumbre hizo anillos de humo, volcó la ceniza en el cenicero y terminó el café. Se puso de pie, se puso el sombrero y nuevamente sin mirarme ni hablarme se puso el impermeable pues afuera llovía así sin decir palabra, se marchó bajo la lluvia sin mirarme. En ese momento sentí, enojo, y dolor, mi corazón se rompía en mil pedazos, sólo pude cubrirme la cara con las manos y lloré, la perdida del hombre que yo, amaba. Afuera la lluvia arreció tanto que pensé, que regresaría para hablar. Nunca volvió.
Rubén Gamboa
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