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La verdad es que no sé si alguna vez habéis sentido esa sensación de que la poesía os abandona, de que ya no necesitais expresaros a su lado. Yo lo he sentido. Si os soy sincero este sentimiento me ha sorprendido muchísimo, pues la poesía lo fue todo desde mis ya pasados quince años. La lírica en mí ha evolucionado desde aquellos primeros impulsos juveniles hasta convertirse en la base de mi vida hasta dejarme.
De todos modos ahí sigo, potenciando mis espectáculos líricos y luchando por aquello que escribí en su momento y por lo que seguiré dejandome la piel en los escenarios, algo que siempre me llenará de vida. Pues yo, más que escribir, lo que busco es dialogar sobre unas tablas y potenciar el lenguaje poético, bien sea el mío, como el de todos vosotros. No creo que haya que buscar diferencias pues la poesía lo es todo y está en todo.
Yo seguiré siendo poeta aunque en mí muera la poesía. Esto me hace pensar en que la poesía no puede entenderse nunca como un trabajo o como algo que puedas hacer continuamente, yo no puedo. Seguro que muchos de vosotros habéis pasado por este tipo de experiencias y me podéis comentar algo al respecto. Muchas gracias de verdad.
Y aquí os dejo mi último poema, un texto que estará incluido en el disco “Ecos de la noche” y que algún día formará aprte de “Entre la sombra y el grito”, ese libro que llenaba mis desvelos antes de escaparse al horizonte. Espero subir en breve la versión musical para que me deis vuestra más sincera opinión.
En “Cuando se pierde la palabra” reflexiono sobre mi hipotética retirada del mundo del espectáculo, sobre él comencé a reflexionar en las aulas de la facultad en Pontevedra. Yo no quería estar allí, pero tampoco podía escribir… Como comprenderéis no veía camino tras de mí, y caminaba…
Un millón de gracias a todos, recordad que la poesía sois vosotros.
Cuando se pierde la palabra…
A Fernando Franco, José Otero y Juan Caballero.
José, gracias por hacer que cada momento junto a ti se convierta en una maravillosa oportunidad de aprendizaje; Juan, gracias por escucharme siempre con una sonrisa y por transmitirme tu entusiasmo y ganas de vivir; Fernando, gracias por estar siempre ahí desde el primer momento, por tu comprensión y por esos ánimos que han forjado muchos poemas que creía perdidos.
Sin vosotros nada sería posible. ¡Gracias!
No podía caminar
y en silencio, caminaba.
Las calles de Pontevedra
estrenaban con sus máscaras
el misterio de una noche
que hundiría mi garganta.
Y yo buscaba tu voz
en la fiebre de las aulas.
Aunque temí no encontrarte,
allí perdí la palabra.
No podía caminar
y en silencio, caminaba.
En la rutina de clase
te perdía en mi ventana,
Sé que podía atraparte
aunque tú no me miraras.
Mas no pude, o no quise
y rompí todas tus cartas,
Hui de la facultad;
me oculté de la palabra.
No podía caminar
y en silencio, caminaba.
Llegaban tiempos difíciles
y no veía tu cara.
Ya no había horizonte,
tampoco sueños al alba.
Tu recuerdo estaba en mí,
en mis continuas veladas,
aquellas noches sin luna
donde perdí la palabra.
No podía caminar
Y en silencio, caminaba.
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